Visitando Lugares Tenebrosos de Hermosillo en el Trolebús

En Hermosillo, justo al lado de la Plaza Zaragoza tenemos ubicado en una de las esquinas frente a los famosos puestos de elotes y cocteles al pintoresco trolebús. Este vehículo tiene la capacidad de trasladar a 30 pasajeros y durante los días jueves, viernes, sábado y domingo brinda diversos recorridos por la ciudad y sus lugares icónicos

Desde que vivo en Hermosillo siempre había querido realizar el recorrido en este vehículo representativo del centro de la ciudad del Sol, y hace algunos días por fin tuve la oportunidad de realizar el viaje anhelado. Sin embargo es importate comentarte a ti lector que si estás pensando tomar este paseo debes programarlo con tiempo ya que en mi caso fue complicado comprar los boletos, fue necesario adquirirlos con días de anticipación. Sin embargo valió la pena la espera.

Como punto positivo el recorrido comienza puntual lo que hace que la experiencia comience con el pie derecho, otra cosa importante es que el guía de nuestra aventura va caracterizado de un personaje, en el caso del paseo que escogí, nuestro guía iba disfrazado de fraile ya que la aventura se trataba de los lugares tenebrosos de la ciudad de Hermosillo. desde el primer minuto las historias se tornan muy interesantes la que lo primero que nos cuentan es que la Plaza Zaragoza, El Jardín Juarez y la zona donde hoy se ubican la estación de policia y el edificio de CFE del centro de la ciudad anteriormente eran panteones.

Les dejo más abajo el relato del panteón del Jardín Juarez.

Hospital Maria Auxiliadora – Hermosillo Sonora 2025.

La Plaza que Oculta un Cementerio: El Secreto Tenebroso del Jardín Juárez

En el corazón de Hermosillo, justo donde el bullicio de la ciudad se encuentra con la cotidianidad, se alza un espacio familiar para todos: el Jardín Juárez. Es el epicentro de la espera, de las fotos frente a las letras monumentales, y el hogar temporal del Tianguis Navideño. Pero cada banca, cada baldosa, cada rincón de este parque céntrico oculta una verdad inquietante: la tierra bajo nuestros pies esconde un camposanto clausurado.

Antes de ser un homenaje al Benemérito de las Américas, este lugar en la intersección de la Juárez y la antigua calle Yucatán (hoy Luis Donaldo Colosio) sirvió como el primer gran panteón de la ciudad moderna.

La Fiebre Amarilla y el Silencio de la Tierra

La historia de este terreno como camposanto es breve pero trágica, operando solo por 32 años (de 1884 a 1916). Su momento más oscuro ocurrió casi al inicio de su operación.

Hermosillo fue azotada por la Fiebre Amarilla, una epidemia brutal que se extendió entre 1883 y 1885. Este mal no solo cobró vidas, sino que marcó el destino del cementerio de la Juárez, que se convirtió en el sitio de descanso final forzoso para muchas de esas víctimas. Mientras las familias lloraban a sus muertos, el terreno elevado se llenaba de sepulturas apresuradas.

Imaginen el peso de esa tierra: un lugar que nació del dolor, el miedo y la necesidad de aislar a los fallecidos por una enfermedad que aterrorizó a la ciudad.

Con el tiempo, las necesidades de la ciudad crecieron y el panteón se convirtió en un inconveniente. En 1916, se decidió su clausura y reubicación.

Se emprendió una tarea monumental y macabra: trasladar los restos. Las tumbas y ataúdes que fueron reclamados por sus familias se mudaron al nuevo panteón, ubicado donde hoy encontramos el cuartel de Bomberos, la CFE, la Comandancia Centro de la Policía y la Universidad Tecnológica.

Pero aquí es donde el silencio se vuelve más pesado: los restos que no fueron reclamados, simplemente se quedaron.

Para que el parque se viera como lo conocemos, la elevada topografía del viejo cementerio fue rebajada a nivel de la banqueta. Los huesos olvidados y la energía de aquellos que sucumbieron a la fiebre amarilla quedaron sellados, enterrados bajo metros de tierra, asfalto y cemento.

La próxima vez que visites el Jardín Juárez, siéntate en una de sus bancas a observar las letras de Hermosillo. Mira a las personas esperar el autobús o a los niños jugar. Detente un momento y recuerda:

Estás justo en el lugar donde la ciudad decidió esconder su dolor y a sus muertos. Debajo de ti, el Jardín Juárez no es solo un parque; es un mausoleo masivo y silencioso.

¿Será que la próxima vez que te sientes a descansar en el corazón de Hermosillo, sientas algo más que la brisa?.

El Último Recorrido del Trolebús: Crónicas y Misterios del Panteón Yáñez.

El Punto Final: La Puerta al Silencio

La travesía del Trolebús, cargada con las leyendas urbanas de Hermosillo, culminó su ruta de la forma más dramática posible: justo frente a las rejas forjadas del Panteón Yáñez. Al caer la noche sobre la desnaranjada ciudad, el bullicio de la calle dio paso al silencio solemne del campo santo más antiguo y emblemático de la capital.

Cruzar ese umbral es ingresar a un museo a cielo abierto, donde la historia de Hermosillo está cincelada en mármol y piedra. Pero la verdadera riqueza del Yáñez no son sus fechas, sino las historias únicas que sus habitantes guardan.

La Galería de los Eternos Iconos

Nuestro recorrido a pie, bajo la luz mortecina de las farolas, se centró en las historias más impactantes que Hermosillo se niega a olvidar:

1. La Tumba Azul y los Símbolos Prohibidos

Entre las hileras de lápidas, resalta una estructura de un color azul profundo que alberga un misterio de la Segunda Guerra Mundial. Se cuenta que en este mausoleo yacen restos con presuntos vínculos con el régimen Nazi. Más allá de la leyenda local, la presencia de ciertos símbolos y la discreción que rodea a la familia han alimentado el mito, convirtiéndola en un punto de fascinación mórbida para quienes buscan las conexiones secretas de la ciudad con eventos mundiales.

Tumba azul con símbolos..

El Ángel Llorón y la Desolación del Mármol

Avanzamos hasta una de las esculturas más emotivas: la tumba custodiada por un Ángel Llorón. La figura de mármol, con su rostro inclinado y las alas caídas, parece llorar eternamente la pérdida. En el Yáñez, cada ángel tiene su propia historia de dolor, pero este, en particular, se ha convertido en el símbolo silencioso de una promesa rota o de un duelo que nunca termina de resolverse, invitando a la reflexión sobre la fugacidad de la vida.

El Angel Llorón.

El Niño que Temía a la Oscuridad (La Tumba Suspendida)

Quizá la historia más tierna y, a la vez, la más escalofriante, es la del niño cuya tumba se alza sobre la tierra. La leyenda local narra que, en vida, el pequeño sentía un terror paralizante a la oscuridad y a la idea de ser enterrado bajo tierra. Su familia, en un acto de amor y respeto a su miedo, construyó un nicho que está suspendido o encima del nivel del suelo. Es una conmovedora prueba de cómo el amor trasciende la muerte, incluso para desafiar las convenciones del eterno descanso.

Tumba suspendida del niño

La Majestad de Luis Encinas Johnson

Finalmente, el recorrido nos lleva ante una mole de piedra: la tumba gigantesca del ícono político sonorense, Luis Encinas Johnson. La magnitud de la estructura refleja el peso de su legado como exgobernador. Es una tumba que no susurra, sino que exige ser vista, marcando el lugar de descanso final de uno de los personajes más influyentes en la historia moderna de Sonora.

Al salir del Yáñez, dejando atrás el silencio de los que se quedan, el Trolebús no solo nos regresó al presente, sino que nos dejó con la certeza de que las historias de Hermosillo no se encuentran solo en sus plazas, sino también en las sombras y el mármol de su panteón más antiguo.

El recorrido finaliza regresando a la icónica Plaza Zaragoza, no sin antes pasar al costado de la maxima casa de estudios, La Universidad de Sonora, donde se nos relata la historia de Emiliana de Zubeldía.

Emiliana de Zubeldía, originaria de Navarra, España, llegó a Hermosillo en el otoño de 1947 por invitación de la Universidad de Sonora para hacerse cargo de su escuela de música. Desempeñó un papel fundamental en la fundación y desarrollo de la academia de música, que es la base de la actual Licenciatura en Música de la institución. 

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